Edición 2009











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CUÉNTANOS TU HISTORIA

ANAVET es una asociación creada por y para Auxiliares en la cual podamos expresar nuestras inquietudes profesionales, pero también te invitamos a que nos cuentes anécdotas de tu quehacer diario.

Ponemos a tu disposición esta sección para que nos cuentes tus historias del día a día, tus situaciones más divertidas y curiosas, los pacientes más exóticos...

Te animamos a que nos mandes a anavet.asociacion@gmail.com tus historias y tus fotos para compartirlas con todos.

      

6ª Historia

En busca de un Sphinx

Voy a contaros mi historia: me llamo Ester y soy auxiliar desde hace 13 años (más o menos) y siempre he tenido gato. Tengo que reconocer que soy más gatuna que perruna, aunque los perros también me gustan mucho, lo que pasa que hay que dedicarles más tiempo. Hay que sacarlos a pasear para que lleven una vida sana y alegre, porque tener una mascota y sacarle 5 minutos a hacer sus necesidades y ya está, no va conmigo. A mí me gusta disfrutar con el animal y dedicarle horas de largos paseos y excursiones.

Ahora mismo soy madre de 2 pequeños zangolotinos que requieren de todo el tiempo libre que tengo después de trabajar, por ese me inclino más por los felinos que son más independientes.

A lo que vamos, he tenido siempre gato y el único defecto que les encuentro (si se puede llamar defecto) es su manera de tirar pelo, sobre todo en época de muda, por eso estoy a la busca y captura de un Sphinx cuya característica más llamativa es su ausencia de pelo.

De aspecto delicado a primera vista, tiende a ser sano, musculoso y robusto, con algunas debilidades obvias. Debido a su particularidad, debe vivir en ambientes cálidos y secos, aunque gracias a una espesa capa de grasa subcutánea, no está totalmente privado de protección frente a la intemperie. Además, para poder compensar la continua dispersión de calor debido a la falta de pelo, tiene una temperatura interna más alta de lo normal. Es también propenso a padecer insolaciones al carecer de la protección normal de la piel. Suelen ser notablemente más sociables que los demás gatos.
Los Sphynx no son hipoalergénicos, sin embargo, como no dejan pelo en los muebles o en la ropa, tienden a ser más higiénicos.

Espero que entendáis ahora por que busco un Sphinx, por mi ritmo de vida creo que es un animal perfecto para mí.

Ester Moreno Moreno

      

5ª Historia

Mi sueño "casi" hecho realidad

-¿Qué quieres ser de mayor Míriam?
-¿Yo? ¡Veterinaria, claro!

Llegó la hora de escoger el bachillerato que quería cursar para luego poder realizar la carrera universitaria. Seguí los consejos de mis profesores y elegí un bachillerato de humanidades, pues mis notas en ciencias no eran muy buenas que digamos.
Tuve que hacer la preinscripción a la universidad: Primera opción periodismo, segunda opción psicología y tercera opción criminología y política criminal.

¿Pero qué es lo que estaba haciendo? Nada de esto me gustaba cómo para tener que pasarme tantos años estudiando y quizás luego para nada, así que dejé el curso a tan sólo cuatro meses del final y me puse a trabajar.
De profesión: pescadera… Hasta que un amigo me habló de unos cursos que hacían de ayudante veterinario. Dejé el trabajo y me apunté al curso.
Las prácticas sólo eran en segundo y yo rápidamente busqué algún lugar en el que me dejasen hacer prácticas desde el primer día, así podría aprender más. Me aceptaron en un hospital veterinario y pronto me cogieron ¡en plantilla! Terminé todos mis estudios allí.

Por motivos personales cambié de ciudad y con ello de trabajo en una clínica veterinaria como ayudante de peluquería y atención al cliente. Poco a poco fueron dejándome ayudar en cirugías y ese ratito compensaba el resto de tareas que no me gustaba tanto hacer. Ahí aprendí muchísimas cosas de mi profesión y del comportamiento humano. Hay situaciones para todo y “personas” para todo…

Siempre había querido tener mi propio negocio, así que un buen día me puse en contacto con María Llanos, una mega profesional de la peluquería canina y ahora una gran amiga.
Me enseñó todo lo que sabe y más y me guió para que consiguiera mi objetivo. Montar correctamente y sin errores mi centro de estética animal, (lo llamo así porqué no sólo se hacen cortes de pelo, sino que también se hacen terapias manuales, tratamientos y Spa).

Si mi centro funcionaba, sería la llave que abriría la puerta de mi sueño. Poder abrir un centro veterinario y poder ejercer una profesión relacionada con lo que más me apasiona en esta vida: la salud y el bienestar de los animales.
Hace poco, conocí a un veterinario que hace visitas a domicilio y le planteé la opción de asociarnos y hacer algo juntos. No le pareció nada mal la idea y bueno ¡estamos en ello!

Quién la sigue la consigue y luchando mucho por lo que uno desea, al final se ven los frutos. No sé si acabarán las cosas como deseo pero lo que sí sé es que yo voy a luchar por ello. Con cariño, constancia y con deseo se consiguen las cosas. Como ANAVET, que con todo lo anterior mencionado y mucho más, cada día se esfuerzan para que nuestra labor diaria se vea reflejada favorablemente en esta sociedad.

Desde Barcelona mis sinceras felicitaciones a todos y a todas.

Míriam Horno Parareda

      

4ª Historia

Quiero aprovechar para contar mi historia con Tango, un caballo con el que tuve una relación mucho más estrecha de lo que os podéis imaginar. Nunca creí que la relación con un caballo pudiera ser más cercana que la que se tiene con un perro o un gato que están en casa, pero así es, he llegado a ver a hombres fornidos, hechos y derechos, de los que dices, "¡es un tipo duro y muy estricto!" , derrumbarse como un niño pequeño ante la pérdida de su caballo.
Esta es la historia de TANGO, un caballo de pelo castaño muy oscuro, cola negra y muy poblada de pelo, tanto que me costaba media hora de reloj cepillarla, la crin también negra y larga, con un flequillo que le llegaba hasta la punta de la nariz. Sus ojos, negros como el carbón, grandes y expresivos, denotaban inteligencia, nobleza, y un corazón que no le cabía en el pecho. El primer día que entre con él en su box, sin conocernos, le puse mi mano debajo de su hocico, y su reacción fue darme unos lametones que me encandilaron de golpe, me enamoré de él, y ya que estaba en venta, mi chico, Miguel y yo hicimos lo imposible por quedarnos con él. Era el compañero ideal para LUNA, una yegua de casi cinco años, que llevaba con nosotros ocho o nueve meses, y por la que Miguel y yo nos peleamos para montarla.

Cuando conseguimos comprarlo, Tango contaba con unos 150kg de más en su gran cuerpo, y una vaguería galopante, no quería saber nada de salir del box, y no digamos de trabajar. El hombre que nos lo vendió, no tenía demasiado tiempo para sacarlo y, a la fuerza, Tango no era un caballo, sino una vaca lechera.
Nos costó cerca de tres meses, que Tango siguiera nuestra mano, cuando comprendió que nunca se le castigaría sin motivo, que le sacábamos al campo y que se le daba cariño y cuidados a raudales, cedió rápido, no oponía resistencia como al principio. Incluso montando a niños con nosotros. teníamos que ir dándole con las piernas para que caminase, pero él volvía la cabeza para mirarnos y decirnos con la mirada; "No voy a andar más rápido, que se me cae el niño".

Conmigo evitó dos caídas fatales, una subiendo una pendiente muy pronunciada con el terreno blando y resbaladizo después de unos días casi sin dejar de llover. Estuvimos a punto de caer hacia atrás, pero cuando note que aflojaba el paso, le metí las piernas en los costados, y el respondió apretando los riñones, subiendo con fuerza y sacándonos de allí. La otra fue un día que se negó en rotundo a cruzar un río, que conocía muy bien, ya que lo había pasado cientos de veces, no hubo forma de convencerlo. A los pocos días, me enteré, que otro jinete de la zona, había tenido una situación muy comprometida en ese mismo punto y aunque salió airoso, no creo que se le vaya a olvidar tan fácilmente.
Llegó el 20 de Septiembre del 2008, y teníamos una romería en Móstoles, un día de comilona y fiesta después, pero, desgraciadamente, cuando volvíamos del paseo con los asistentes, Tango se paró en mitad del camino, casi llegando a las cuadras donde se hacía la fiesta, se giró sobre él mismo, y se miró el costado. A mí me pareció raro ese comportamiento, dos pasos más, y volvió a hacerlo. Yo ya empezaba a ser consciente de lo que pasaba, esa reacción junto con que el caballo estaba sudando mas de lo normal en él, que iba cabizbajo, los ojos muy abiertos que detonaban angustia, estaba claro, ¡CÓLICO!. Nos apresuramos a llegar, pero Tango no nos dió tiempo, terminó por echarse en unas tierras de labranza al lado del camino. Le quitamos la silla para aliviar la presión del tórax y lo bajamos corriendo a las cuadras, para meterlo en la pista y evitar que se parara. No habría aguantado más de una hora.

Mientras, yo empecé a buscar ayuda. Gracias a Sergio, un amigo que iba de apoyo con el coche, que trajo un van para poder llevar a Tango a sus cuadras y al veterinario que tuvo que ir a donde nos encontrábamos en donde le procuró los primeros auxilios, le sondó y le pinchó para que su aparato digestivo no se parara.
Mientras que estaba sedado, le cargamos en el van, junto con su compañera Luna, que no había dejado de relinchar, llamándolo y buscándolo con la mirada, estoy segura que ella era consciente de lo que estaba pasando. Al llegar a nuestras cuadras, llevamos a Tango a su box para que descansara. Se tumbó en el lecho de serrín y yo, me senté junto a él y al rato se quedó dormido con el hocico pegado a mis rodillas, como intentando no sentirse solo.
Al día siguiente, parecía que Tango iba a superar su crisis. Estaba con la cabeza alta y la orejas alerta, relinchó llamándonos, esperando a que abriésemos la puerta de su box para salir a beber, así lo hicimos, pero salió cojeando de las cuatro patas: se había enfosado, una de las secuelas del cólico.
Tango ya no iba a ser el mismo, aunque mientras siguiera vivo, le hubiéramos soltado en un prado de descanso.

Cuando llegó el veterinario, preguntó si había defecado, pero no lo había hecho, era mala señal, le auscultó y su aparato digestivo no se oía, presumiblemente se había paralizado, le puso el tratamiento para volver a reactivar el aparato digestivo, pero fue inútil.
Al día siguiente, el peor de toda mi vida, tuvimos que sacrificarlo. A las nueve de la mañana Tango entró en shock, ya no sentía nada, estaba muerto en vida, aunque creo que sí era consciente de lo inevitable. Me miraba con aquellos grandes ojos negros despidiéndose, yo, descompuesta me aferraba a él como a un clavo ardiendo. Cuando mi chico tomó la decisión, yo estaba en el campo, gritando a Dios que no se lo llevara, pero no me hizo caso. Llegó el momento y me apartaron de él, para que no viese como subía la pendiente hacia el campo abierto tan penosamente, sufriendo a cada paso que daba. Conseguí escaparme de los que me retenían, y corrí a su lado, al llegar junto a él, le abracé con todas mis fuerzas y mirándole a los ojos, le dije; "Duérmete, mi niño, duérmete y deja de sufrir". Entonces me volvieron a apartar de él, por miedo a que se me cayera encima, y sólo me soltaron cuando Tango yacía en el suelo. Volví a correr junto a él, con la esperanza de que todavía respirase, pero lo único que ví fueron aquellos ojos negros que ya no sufrían, estaba tranquilo, con la mirada limpia y sin dolor, feliz de saberse querido mientras que estuvo con nosotros.
Sabiendo que ya no había remedio, me obsesioné con quitarle la cabezada de cuadra, solo quería que se fuera tal y como había venido a este mundo, LIBRE. Un día que debía haber sido de celebración de cumpleaños, el mío, se convirtió en el peor de mi vida.
Ahora, comprendo que fue lo mejor para él, nunca habría sido feliz viviendo cojo y con dolores durante toda su vida.

NUNCA TE OLVIDARE, TANGO.

Sonia Pérez

      

3ª Historia

Mi historia comienza desde bien pequeñita. Siempre me han gustado mucho los perros, mi madre dice que desde chiquitita veía por la calle un perro y me iba detrás de él a darle besos.

Por varios motivos no pude acceder a estudiar la carrera de veterinaria y con el tiempo me enteré que se ofrecían cursos de Ayudante Técnico Veterinario y me decidí a llamar para informarme y finalmente inscribirme. Cuando terminé el curso no encontraba trabajo y le pegunté a la veterinaria dónde llevaba yo los perros que si podía hacer prácticas con ella y afortunadamente me dijo que sí, que la venía muy bien tener una ayudante.

Empecé a interesarme mucho por este mundo, a ayudar en cirugías y casualmente la Atv de la clínica se iba de vacaciones por lo que me ofrecieron hacer su suplencia. Ví el cielo abierto, no me lo podía creer, lo que siempre había deseado lo tenía ahí.

Todas mis compañeras me enseñaron muchísimo y gracias a ellas sé muchas cosas ahora, aunque siempre me he implicado mucho en mi trabajo porque me encanta.

Además siempre intento ayudar a todos los bichillos que me encuentro porque ellos se merecen una oportunidad y por ese motivo adopté a mi cuarta perrita, una perrita muy especial, es diabética, y que sus dueños no podían atender y lo hice yo. Después de cuidarla durante un año al final se ha quedado en casa conmigo, es maravillosa y muy cariñosa y tiene una fortaleza increíble.

Tengo que agradecerle mucho a mis cuatro perritos porque siempre que estoy decaída vienen y me dan su cariño. Para mí son especiales.

Las personas que no tienen animales no saben lo que son capaces de ofrecer sin pedir nada a cambio.

Carolina Sánchez Pedraz

      

2ª Historia

Mi historia comienza con el vínculo que pude llegar a tener con una mascota, un magnífico animal que llegó a conseguir un gran puesto en mi familia.
En el año 86 unos vecinos nos dieron una cachorrita porque se iban de vacaciones y no la querían. La sorpresa nos la llevamos cuando a la vuelta nos pidieron que se la devolviéramos, siendo nuestra respuesta negativa porque, cualquiera que tenga un poco de sensibilidad lo entenderá, le cogimos un cariño excepcional y aquello se convirtió en un lazo entre dos especies diferentes.

Para los más curiosos, con esos vecinos hoy en día me llevo bien, nos costó una semana, pero nunca un animal va a crearme un conflicto con nadie. A partir de ahí, disfruté como un enano con mis amigos y mi nueva amiga canina.

Con el paso de los años empecé a estudiar y luego a trabajar; mientras tanto, Chispi tuvo descendencia y aluciné con una de las tantas alegrías que me ha dado esta especie, ¡nos quedábamos con otra cachorrita!, haciendo este vínculo exponencial. Todavía la tenemos y ya son 16 años los que tiene. Su madre murió con 13 años y hasta el último momento se metía en el colegio de enfrente a comerse los bocadillos que habían tirado los niños en el recreo.

Las sensaciones que me produjo esta convivencia “perruna” me llevó a introducirme con un amigo en esta profesión; aún teniendo otra, sabiendo el sacrificio que ello conlleva. Así empecé siendo voluntario en una asociación de perros de rescate y salvamento, en la que me encantaba lo que hacía y a la vez aprendía, siendo encima una labor social importante. Aguantamos mientras se autofinanciaban los materiales, los entrenamientos y las salidas de emergencia, pero, por desgracia por falta de ayudas estatales tuvimos que cerrar.

Teniendo ya unos conocimientos adquiridos empecé colaborando con protectoras y con la educación canina a domicilio, gracias a un educador que me dio una oportunidad al cual estaré siempre agradecido. Mis conocimientos aumentaron y el tiempo que estuve con él lo aproveché al máximo. Traté con muchos animales de compañía y mucha gente difícil de enseñar; a la cual, como profesionales, tenemos que hacerles entender todo lo que podemos obtener de estos animales, y todo lo que podemos aprender de ellos, con una base tan simple como un poco de lógica y amor por la Naturaleza.

Hasta aquí parecía que se estaban cumpliendo algunos de mis sueños, y así era, pero como siempre, por motivos económicos y de la vida, mi otra profesión no me permitió seguir con mi vocación por los animales. Aún así no me quedé parado y continué batiéndome por conseguirlos, con la gran ayuda de gente cercana y de Maika, que me sigue dando alegrías instándome a que no me rinda. Así que me aventuré en el mundo de la sanidad animal. Como tenía alguna laguna sobre la anatomía canina, me propuse estudiar un curso para Auxiliares Veterinarios. Mientras nadaba en esta laguna mis conocimientos seguían aumentando, pero en un lugar en el que estaba rodeado de futuros auxiliares a los cuales les encantaban los animales como a mí, creando así un ambiente idóneo para el aprendizaje. Con muchas de estas personas sigo teniendo contacto, y hasta una chica, no me extraña, porque la mayoría eran chicas, mas adelante hablaremos de esto, ha creado una protectora en Málaga. Lo único que faltó en este curso fueron más clases prácticas, porque fueron un poco escasas.

Con mi título en mano, envié decenas de CV, con la esperanza de introducirme en este sector, hasta que un verano me llamaron de un Centro de protección de Naturaleza salvaje, en el que tuve la suerte de tocar lobos, ver de cerca linces boreales, buitres, zorros, gatos montés y muchos más animales que por culpa del hombre tenían que estar encerrados para su protección y reinserción en la vida salvaje.

Se acabó el verano y con él, el trabajo, pero por poco tiempo. Inicié otro en una protectora en la que vi cantidad de emociones expresadas en hechos, por su gran labor, ya que sin estas asociaciones ¿dónde estarían todos esos animales? También colaboré en muchas cirugías, sobretodo esterilizaciones, con dudas que me surgen como Adiestrador al pensar en la castración, porque puedes conseguir lo mismo con una educación y dilatada paciencia. En este tiempo me llevé muchas alegrías viendo como se recuperaban los animales y podían jugar entre ellos y con nosotros.

Actualmente, sigo compaginando mis oficios totalmente diferentes, estando media jornada en una clínica veterinaria pequeña, pero muy grande a la vez, con unos veterinarios de prestigio los cuales me siguen instruyendo en un mundo que no para de avanzar como es la sanidad animal. Realizo un trabajo multitarea con funciones de recepción, que me parece muy importante porque la primera impresión se la llevan de ti; de dependiente, aconsejando a los clientes lo que necesitan. También ayudo en las consultas, me encargo en parte de la limpieza de los animales y como no colaboro en las cirugías de una forma o de otra y en la posterior hospitalización. En la clínica también me llevo alegrías cuando acabas de asistir a la extirpación de un tumor en la boca y le comunicas a los dueños que va todo bien emocionándonos juntos de alegría.

Por todo esto, mi experiencia personal, merece la pena esta profesión que está en auge, sin dejar de empujar fuerte y animo a todos que no dudéis en escogerla. Al principio me asombré considerablemente con el alto porcentaje de género femenino. Se comprueba fácilmente en los congresos de auxiliares en el que el 5% somos chicos. Y no entendiendo muy bien por que. Creo que el índice masculino debe aumentar, ya que no podemos estar mejor atendidos: el trato, ayuda, y maña que me aportan a diario mis compañeras es inmejorable y ahora mismo nos llevan mucha ventaja. He llegado a la conclusión al hablar con otros compañeros, de que éste hecho se debe a un valor económico, que sin engañarnos el salario no es de lo más agradecido, pero os animo por las ventajas que tiene todo lo demás. De igual forma tenemos que seguir luchando socios de Anavet y no socios por una profesión que no tenga este vacío legal, y en la cual podamos seguir cumpliendo nuestros sueños y ser recompensados, en su justa medida, con la satisfacción que te da el trabajo terminado.

Do you have a dream?

Rubén Pozo Gallardo

      

1ª Historia

Siempre tuve muy claro que quería trabajar con animales. Desde bien pequeña, cuando los adultos, te hacían la típica pregunta “y tú niña, ¿Qué quieres ser de mayor?” yo contestaba rotunda y sin vacilar: “Veterinaria”.

Me fui haciendo mayor y mi idea de trabajar con estos “pequeñines” persistía sin cederle ni el mas mínimo espacio a la duda. Pero la vida, como la mayoría de las veces ocurre, no te permite llegar fácilmente a tus objetivos y me encontré con el primer problema: no obtuve suficiente nota para poder acceder a la facultad de veterinaria de Madrid. Debo reconocer que en ese momento, la duda ocupó todo el espacio que antes le había negado, pero como si de un juego de ajedrez se tratara, fui moviendo mis fichas poco a poco y con pasos muy meditados hasta que un día, llegó a mis manos la información de una academia que ofrecía unos estudios hasta el momento desconocidos para mí: Auxiliar de Veterinaria.

Tras analizar la situación, tomé la decisión que iba a cambiar el rumbo de mi vida. Comencé a estudiar y al terminar los módulos en los que se dividía el curso pensé que tenía que haber alguna manera de adquirir la experiencia básica ,que junto con los conocimientos adquiridos, me permitiera acceder al mercado laboral. Y fue en ese momento, hace ahora 10 años, donde aparece en escena la clínica en la que actualmente desarrollo mi labor como Auxiliar. En ella y gracias a mis jefes, he aprendido todo lo que sé. Todos los días aprendes algo nuevo, incluso en aquellos en los que el teléfono no para de sonar, el trabajo se acumula y crees que vas a estallar. Incluso en esos, aunque parezca que no, aprendes.

Así, día tras día, me he dado cuenta que, tanto yo como muchas otras personas en toda España, cada una con sus circunstancias, hemos ido dando forma a una profesión que no la tenía, nos hemos hecho nuestro espacio y sinceramente, tengo la firme convicción de que era el momento adecuado para que naciera ANAVET, Asociación a la que me siento muy orgullosa de pertenecer y en la que mis compañeras y yo estamos poniendo toda nuestra ilusión, ganas y esfuerzo, para conseguir que nuestra profesión tenga su reconocimiento oficial.

En el congreso de AMVAC del año 2007, se dijo una frase que considero muy acertada: no somos “veterinarios pequeños”, somos Auxiliares con nuestro propio espacio, nuestras labores y con mucho futuro todavía por recorrer.

Me vais a permitir que para despedir este primer “Cuéntanos tu historia”, le dedique unas palabras a una persona muy importante en mi vida, que tuvo un gran peso a la hora de tomar la decisión de ser Auxiliar: a mi hermano, que desde donde está, me transmite todos los días su fuerza y su valentía.

Carmen Bódalo

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